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Experiencias con la alimentación conciente, los fermentos y la vida sana

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Información sobre la agricultura convencional en Argentina

1 year ago · 10 Minutos de lectura
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La agricultura convencional es la agricultura basada en el uso de agrotóxicos y monocultivos. Este es el tipo de agricultura más difundido actualmente en nuestro país. O sea la mayoría de frutas y verduras que encontramos en una verdulería de barrio provienen de este tipo de agricultura. También todos los “alimentos” hiperprocesados que se venden en el supermercado, si bien tienen un proceso industrial en el medio, en el inicio de su cadena alimentaria suelen tener un campo cultivado de forma convencional. Recomiendo leer etiquetas y descubrir que los alimentos hiperprocesados son por lo general hechos a partir de algún cereal base y derivados de la soja o del maíz como el JMAF (jarabe de maíz de alta fructosa).

La agricultura convencional tal como la conocemos hoy, es en parte gracias a los descubrimientos de un químico alemán llamado Justus von Liebig. Hacia 1840 publicó un texto titulado “La química y su aplicación a la agricultura”. Sus investigaciones buscaron explicar qué nutrientes necesitan las plantas para crecer. “De golpe la biología del suelo dejó paso a la química del suelo, y específicamente, a los tres nutrientes químicos que Liebig señaló como cruciales para el crecimiento de las plantas: nitrógeno, fósforo y potasio” (Pollan 2006). O por sus siglas según la tabla periódica NPK, sigla que podemos encontrar en los fertilizantes sintéticos hoy en día. La forma tradicional de nutrir las tierras era con descansos, agregando abonos orgánicos como compost o estiércol o usando leguminosas para fijar nitrógeno en el suelo. Este descubrimiento permitiría reducir los tiempos de recuperación de las tierras y como explica Pollan, permitió tratar al suelo y por ende a la agricultura como a una máquina a la cual insertarle NPK por un extremo y esperarle soja o maíz por el otro. Esta idea de agricultura como máquina tuvo muches critiques. Personas que en los inicios del 1900 sentaron las bases filosóficas y técnicas para la agricultura orgánica y agroecológica que se vino y que sigue la lucha hoy en día.

Otro de los momentos claves de la agricultura convencional es la llamada Revolución Verde. Se origina en Estados Unidos hacia finales de los años 70 y se contagia por todo el mundo. Se caracterizó por buscar mejorar la productividad de los campos usando especies de trigos, arroces y maíces de alto rendimiento. Estas semillas reemplazaban las variedades nativas adaptadas a las condiciones locales, pero para poder hacerlo necesitaban que el ambiente se adapte a ellas. Esa adaptación se lograba mediante fertilizantes sintéticos, plaguicidas, maquinaria, combustible y riego generando un gran costo ambiental en los campos. Y la agricultura quedaba totalmente dependiente de las empresas que vendían estos insumos y de recursos no renovables (Sarandón y Flores 2014). Es aquí donde la agricultura empieza a mostrar su no sustentabilidad.

Veamos el impacto de esta agricultura desde distintas perspectivas y porque no es sustentable a lo largo del tiempo:

Social y Cultural Las nuevas tecnología han despreciado y desplazado los saberes locales de pueblos originarios y campesinas/os, catalogándolas de atrasadas, ineficientes e improductivas. Cuando en verdad estas demostraron su sustentabilidad al haber existido por décadas manteniendo la salud de los territorios (Sarandón y Flores 2014). No solo desplazaron saberes si no que a pueblos originarios y campesinas/os en sí, mediante el desmonte y el avance de la frontera agrícola para monocultivos. Como el caso de la soja en Santiago del Estero. En este capítulo¹ de Historias debidas podemos ver esto contado en primera persona por Deolinda Carrizo del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE). Nos cuenta como empresarios en complicidad con el estado echaron a familias enteras para poder desmontar y sembrar soja en nombre del progreso. Ella nombra esto como el enfrentamiento de sistemas productivos contra sistemas de vida.

Salud Un aspecto clave a tener en cuenta es el impacto en la salud por la toxicidad de los agrotóxicos que se usan para controlar malezas y plagas. En una simple fruta como una mandarina podemos encontrar hasta más de 20 agrotóxicos distintos. Imaginemos lo difícil que es saber que efectos puede tener cada uno de estos químicos en nuestro cuerpo a largo plazo y más aún entremezclandose. Aca les dejo un link al sitio de Naturaleza de Derechos con un informe sobre la mandarina específicamente en nuestro país. En él Naturaleza de Derechos le pidió al SENASA sus controles de residuos de agrotóxicos sobre la mandarina. Se hallaron 26 principios activos de agroquímicos de los cuales varios no estaban autorizados. Si buscamos en internet sobre los peligros de los agrotóxicos, encontraremos mucha información respecto al glifosato, ya que es uno de los más utilizados en la agricultura extensiva. Vamos a encontrar sitios que dicen que no es peligroso pero una gran cantidad de sitios que si hablan de su toxicidad y relación con el cáncer. Demostrar estas consecuencias científicamente no siempre es sencillo, más cuando hay que hacer estudios a largo plazo. Aquí es pertinente mencionar a Andrés Carrasco. Él fue presidente del Conicet y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, fallecido recientemente el 10 de mayo de 2014. En sus investigaciones demostró que el glifosato en pequeñas dosis produce malformaciones en anfibios. Esta información no la compartió con el mundo científico mediante papers técnicos. Se la compartió al mundo a través del periodismo. Particularmente a través de Dario Aranda. Este periodista fue el que eligió Carrasco para compartir sus hallazgos, quien en 2009 escribió una nota para Pagina/12 con la información brindada por el científico. Era la primera vez que alguien del interior del mundo científico, con un cargo público y mucho renombre en el ámbito de las ciencias, cuestionaba el sistema de producción alimentaria. Por lo general estas críticas venían de ambientalistas o los mismos pueblos fumigados. No hace falta aclarar que esto le trajo muchos problemas a Carrasco, según cuenta Darío Aranda en sus notas. Tanto del lado del oficialismo como de la oposición lo criticaron, desacreditaron y lo dejaron a la intemperie como él solía decir. Además de acercarse al periodismo fue también directo a los pueblos fumigados, como por ejemplo a las madres de Ituzaingó, Córdoba. En su nuevo documental del 2019 “Andrés Carrasco, Ciencia disruptiva” podemos comprender un poco su vida y estos sucesos que aquí les comparto. Una de las enseñanzas que deja Carrasco en el documental, es que la ciencia puede acompañar la realidad, puede intentar explicarla, pero no puedo contradecirla. Si tenemos, como en el caso de Ituzaingó, un pueblo rodeado de campos de soja fumigados con agrotóxicos y un notable incremento de casos de cáncer y de malformaciones en niñes, no es necesario un estudio científico para tomar medidas de precaución en lo inmediato. Aquí les dejo otra nota de Darío Aranda para Página/12 describiendo detalladamente este caso. El documental también nos recuerda a Fabián Tomasi, cuyo caso fue un símbolo de la lucha contra los agrotóxicos. Cargaba estos venenos en aviones de fumigación en Basavilbaso, Entre Ríos sin la protección adecuada lo que le generó una polineuropatía tóxica severa. Murió el 7 de Septiembre de 2018. Si quieren seguir profundizando, Naturaleza de Derechos saco en pdf la 5ta edición de “Antología Toxicología del Glifosato” donde brinda numerosos estudios científicos que demuestran la peligrosidad de este agrotóxico, con prólogo de Vandana Shiva². El pdf lo pueden encontrar en internet o si no me lo pueden pedir y se los envío.

Ambiente Los campos con monocultivos dependen de los agrotóxicos para sostenerse. La cantidad de agrotóxicos necesaria es cada vez mayor ya que las malezas se van haciendo tolerantes. Como explica el Ingeniero Agrónomo Eduardo Cerdá³ los agrotóxicos son como un remedio, si un remedio lo tenemos que aplicar indefinidamente y encima cada vez en mayores cantidades algo no está bien, más que un remedio termina siendo una droga a la cual nos volvemos adictos. En los 90 se usaban según Cerdá aproximadamente 98 millones de litros/kilos de agrotóxicos y actualmente se utilizan aproximadamente 500 millones de litros/kilos, o sea se quintuplicó y la superficie de siembra ni siquiera se duplicó respecto a esos años. Esto impacta en la salud de las personas que trabaja el campo, en las personas que viven cerca, en las personas que consumen esos alimentos, en la salud del suelo donde se aplica, en la biodiversidad que se pierde, en las abejas que desaparecen, en el desmonte para generar espacio para esos monocultivos, en las aguas que se contaminan y la lista sigue. Más allá de la contaminación producida por utilizar tantos agrotóxicos, tenemos la tremenda pérdida de nutrientes. El agronegocio se dedica al extractivismo, pero en vez de extraer minerales de una montaña, extrae nutrientes de las llanuras fértiles del país y los exporta en forma de commodities, como la soja, a otros países. Y actualmente el 60% de la superficie cultivable en Argentina está destinada a la soja transgénica que es dependiente del glifosato para su producción. Por otro lado esa cantidad inmensa de agrotóxicos llega a las napas de agua y a los ríos, sumado a la deriva por viento su dispersión se vuelve incontrolable. Aquí las empresas de agrotóxicos es donde nos hablan de “las buenas prácticas agrícolas”, es decir que si usamos los pesticidas según el reglamento y en las cantidades adecuadas no hay peligro de enfermedad ni de deriva, pero si vemos restos de agrotóxicos en ríos y aumentos de casos de cáncer en los pueblos fumigados estas buenas prácticas no parecen ser muy confiables. Por otro lado esta industria es muy dependiente de los combustibles fósiles, esto está muy bien explicado en el libro “El dilema del omnívoro” de Michael Pollan. Las formas naturales de aportar nutrientes a la tierra es a través de abonos orgánicos o sembrando leguminosas que aportan atrapan nitrógeno del aire y lo insertan en el suelo. Es decir traducen energía del sol en nutrición para el suelo. En cambio los fertilizantes sintéticos se producen a fuerza de combustibles fósiles. O sea pasamos de nutrir el suelo con energía solar a nutrirlo con energías no renovables. Por otro lado, como vimos en en la introducción de este capítulo, el reemplazo de cultivos nativos por los de alto rendimiento más el uso excesivo de herbicidas está disminuyendo la biodiversidad.

“A pesar de la importancia que la biodiversidad tiene para la agricultura, tanto como fuente de genes, como por la prestación de servicios ecológicos, la agricultura es, paradójicamente, una de las actividades humanas que mayor impacto negativo tiene sobre la diversidad biológica.” (Sarandón y Flores, 2014)

Nutrición Los cultivos convencionales tienen menos nutrientes que los orgánicos o agroecológicos. Los cultivos convencionales son fertilizados con fertilizantes sintéticos y sabemos que por lo general los intentos de la ciencia por reemplazar los procesos naturales por sintéticos no suelen ser muy eficaces. Como explica Eduardo Cerdá un fertilizante sintético le aporta 3 o 4 nutrientes a una planta, cuando estas naturalmente necesitan más de 20. Y para seguir sumando malas noticias, algunos agrotóxicos como el glifosato se apropian de los nutrientes de nuestros alimentos. Esto también lo explica Cerdá: “los herbicidas del tipo glifosato son quelantes. ¿Eso qué quiere decir? Que son moléculas muy pequeñas que rápidamente se quedan con los minerales. Entonces, nosotros estamos consumiendo alimentos con muy poquitos minerales. Y los minerales son fundamentales para los procesos hormonales...”. Y no solo eso, un hecho muy pertinente a este curso y que también explica Cerdá es que el glifosato también actúa como antibiótico desregularizado nuestra microbiota, es decir a la comunidad de bacterias que viven en nuestro cuerpo.

Un argumento clásico que se dice desde el agronegocio y que podemos escuchar en varios ámbitos es que sin monocultivos y agrotóxicos, o sea sin agricultura convencional, el campo no podría darle de comer a todo el país. Tenemos a mano muchos argumentos para cuestionar esta idea.

  1. Ya hay varios ejemplos de producción extensiva y agroecológica con muy buenos rendimientos y con bajos costos para las productoras/res.
  2. Sabemos que el 60% de la superficie cultivable está destinada a la soja, o sea destinada a producir algo que no es alimento, si no un commodity para la exportación.
  3. Si bien es cierto que la producción de granos y cereales a aumentado mucho desde la Revolución Verde también sabemos que en el mundo hay mucha desnutrición y mal nutrición.
  4. Sabemos también que en Argentina, según datos del sitio del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca hay 4 millones de hectáreas destinadas a la producción orgánica. Y como podemos ver en este post del blog sobre agricultura orgánica el 98% de esta producción se exporta. Así que nos podríamos preguntar qué pasaría si mayor parte de esta producción se quedará en el país. Y sumemos otro dato a esta idea. El cinturón hortícola del sur del área metropolitana bonaerense, que comprende los partidos de La Plata, Florencio Varela y Berazategui, es el principal proveedor de hortalizas de al menos el conurbano bonaerense y CABA, zonas con aproximadamente 13 millones de habitantes. Y estos alimentos se producen tan solo en 7000 hectáreas, que es aproximadamente un tercio de la superficie de CABA. Imaginense la cantidad de personas que se podrían alimentar con las 4 millones de hectáreas destinadas a orgánicos.

Para resumir la idea de no sustentabilidad de este sistema de agricultura les comparto este fragmento de Santiago Javier Sarandón y Claudia Cecilia Flores (2014):

“Debido a que el manejo de los sistemas agropecuarios altamente tecnificados se basa en: la utilización en forma ineficiente de energía proveniente principalmente de fuentes no renovables (combustibles fósiles), prácticas de uso intensivo del suelo (con deterioro de sus propiedades productivas), agotamiento de un recurso vital como el agua, la aplicación creciente de plaguicidas peligrosos y cada vez menos eficientes y el uso de un número limitado de variedades mejoradas de cultivos (cuya base genética está agotándose), esta agricultura no puede considerarse sustentable por mucho tiempo.”

Referencias

¹ Historias debidas IX: Deolinda Carrizo (capítulo 2) - Canal Encuentro https://youtu.be/tpFHVGEuyy0
² Vandana Shiva es activista, física, filósofa y escritora india. Link a su sitio: https://navdanyainternational.org/
³ Eduardo Cerda es referente de la agroecología en argentina y es impulso de RENAMA: Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología

Bibliografía citada

(Pollan, 2006) El dilema del omnívoro. (Sarandon y Flores, 2014) Agroecología: bases teóricas para el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables.

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Gastón Nan

Soy Gastu, vivo en Buenos Aires. Estoy interesado en la vida sana en general, yoga, alimentación conciente, soberania alimentaria y huerta urbana comunitaria.

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